jueves 26 de noviembre de 2009
Lo políticamente in-co-"recto"
Estaban todos ya preparados esperando al último. El secretario se frotaba las manos ansioso en la espera mirándose repetidas veces el reloj perfectamente sincronizado a diferencia de un segundo con el de la sala. Todos estaban posicionados en torno a la mesa sin saber muy bien dónde irían a sentarse todos. Siempre se daba la típica situación: dos que sin quererlo demasiado no tenían más opción dentro de la pequeña sala que de quedarse enfrentados el uno al otro, uno esbozaba una sonrisa, y tal y como dictan las normas de la buena educación, los pensamientos locos estallándose de uno en otro con el objetivo en sus frentes obligaba al contrario a responder con una sonrisa más o menos parecida... más o menos lo que trata de hacer nuestro reflejo cada mañana. Aprovecha toda esa carretera con niebla que tenemos a esas horas de la mañana para burlarse y hacernos muecas dentro de la restricción que el recuerdo de nuestra propia imagen permite para que así no nos demos demasiado cuenta de la trampa. Debe de ser terrible ser ese ser, que tiene que soportar cada mañana las legañas de alguien que aparece y que nos da la existencia solamente cuando le da la gana. Tener que moverse como él, poner sus gestos...
Así andaban todos y cada uno de los presentes como resultado de la gran cantidad de normas acumuladas sobre la infancia y que oprimía no mucho menos que el nudo bien apretado de sus corbatas.
-¡El último ha llegado!-Gritó de inesperado el que se encontraba más cerca de la puerta.
Automáticamente todos estaban sentados. Comenzó la reunión.
Empezaron a comer pipas sin cenicero. El último se apartó de semejante gesto que no alcanzaba a entender muy bien cómo podían permitirse esta licencia portando esa corbata tan a juego con su apariencia.
Las tragaban con cáscara incluída. Iba formándose poco a poco una funda dental en las bocas de cada uno de los miembros de la sala a modo de sal, semillas y saliva, decorando el grisado resultado de las encías que por qué no decirlo, quedaba tan en consonancia con el traje.
Poco a poco iban exponiendo cada uno sus ideas.
-Yo, es que.. ejem ejem... opino... que las ayudas concedidas para este año deberían repartirse a modo de convalidación con los presupuestos previstos para otros gastos con el ayuntamiento... ejem ejem...
El presidente del sindicato se levantó con un gran golpe puño en mesa escupiendo restos de cáscara: - ¡No tienen vergüenza!¡Se aprovechan como siempre de las ayudas que se conceden para la comarca a base de los increíbles esfuerzos que tienen que hacer los obreros de este pueblo!
El alcade entró en conversación con toda su camisa ataviada de una saliva que se seguía sedimentando con los hilos de saliva que caían de su mentón.
Toda esta discusión se resumía en llevar una razón y cada cual adoptaba el personaje que más acorde iba con el traje, como si fuera un pecado mortal salirse un poco de la medida y de lo que tenían que decir; eso sí, más cáscaras, más suciedad, estaba empezando a quedar poco sitio en la mesa. - ¡ES QUE EL CAMPANARIO NECESITA UNA REPARACIÓN! - Gritó el cura sacando su gutural voz desde su oronda barriga mientras se limpiaba con el alzacuellos.
El último seguía callado, y ya por último ni pensaba.
-¡Se levanta la sesión!. Ya no quedaba más sitio. Todos parecían estar ciegos ante los residuos de su adicción de traje y cáscara.
El último salió, sin hacer ningún ademán de abrir paso entre toda la basura antes de atreverse a caminar por todo ese vertedero de anestesia y mandrágora.
-Ya se quitará solo... - pensó, mientras todos criticaban su opción de largarse antes de quedarse a un nimio aperitivo...
Así andaban todos y cada uno de los presentes como resultado de la gran cantidad de normas acumuladas sobre la infancia y que oprimía no mucho menos que el nudo bien apretado de sus corbatas.
-¡El último ha llegado!-Gritó de inesperado el que se encontraba más cerca de la puerta.
Automáticamente todos estaban sentados. Comenzó la reunión.
Empezaron a comer pipas sin cenicero. El último se apartó de semejante gesto que no alcanzaba a entender muy bien cómo podían permitirse esta licencia portando esa corbata tan a juego con su apariencia.
Las tragaban con cáscara incluída. Iba formándose poco a poco una funda dental en las bocas de cada uno de los miembros de la sala a modo de sal, semillas y saliva, decorando el grisado resultado de las encías que por qué no decirlo, quedaba tan en consonancia con el traje.
Poco a poco iban exponiendo cada uno sus ideas.
-Yo, es que.. ejem ejem... opino... que las ayudas concedidas para este año deberían repartirse a modo de convalidación con los presupuestos previstos para otros gastos con el ayuntamiento... ejem ejem...
El presidente del sindicato se levantó con un gran golpe puño en mesa escupiendo restos de cáscara: - ¡No tienen vergüenza!¡Se aprovechan como siempre de las ayudas que se conceden para la comarca a base de los increíbles esfuerzos que tienen que hacer los obreros de este pueblo!
El alcade entró en conversación con toda su camisa ataviada de una saliva que se seguía sedimentando con los hilos de saliva que caían de su mentón.
Toda esta discusión se resumía en llevar una razón y cada cual adoptaba el personaje que más acorde iba con el traje, como si fuera un pecado mortal salirse un poco de la medida y de lo que tenían que decir; eso sí, más cáscaras, más suciedad, estaba empezando a quedar poco sitio en la mesa. - ¡ES QUE EL CAMPANARIO NECESITA UNA REPARACIÓN! - Gritó el cura sacando su gutural voz desde su oronda barriga mientras se limpiaba con el alzacuellos.
El último seguía callado, y ya por último ni pensaba.
-¡Se levanta la sesión!. Ya no quedaba más sitio. Todos parecían estar ciegos ante los residuos de su adicción de traje y cáscara.
El último salió, sin hacer ningún ademán de abrir paso entre toda la basura antes de atreverse a caminar por todo ese vertedero de anestesia y mandrágora.
-Ya se quitará solo... - pensó, mientras todos criticaban su opción de largarse antes de quedarse a un nimio aperitivo...
miércoles 25 de noviembre de 2009
Genésis: Generados y degenerados...
"Cuenta la leyenda que la materia estaba inerte hasta que, en la noche del Brahman, Shiva inició su danza en un anillo de fuego. En ese instante, también la materia comenzó a latir al ritmo de Shiva, cuyo baile transformó la vida en un gran proceso cíclico de creación y de destrucción, de nacimiento y de muerte. La danza de Shiva es el símbolo de la unidad y de la existencia; a través de ella se suceden los cinco actos de la divinidad: la creación del universo, su sustentación en el espacio, su disolución, la ocultación de la naturaleza de la divinidad y la concesión y el verdadero conocimiento. Dicen las escrituras sagradas que, primero la danza provocó una expansión, en la que se creó el material de construcción de la materia y de las energías. El primer estadio del universo se llenó con el espacio, por donde todo se expandió con la energía de Shiva. Los textos prevén que la expansión se acelerará, todo se mezclará y, al final, Shiva ejecutará la terrible danza de la destrucción..."
"Fragmento de la creación"
"Fragmento de la creación"
martes 24 de noviembre de 2009
Nuevos Dioses II
Un sabio un día se levantó y dijo... Quien se sienta superior que tire la primera piedra... Las crónicas de la época cuentan que al día siguiente se encontró enterrado bajo una gigantesca montaña de piedras...
Otro sabio dijo: ¡Que se joda!
Otro sabio dijo: ¡Que se joda!
Silia a contratiempo por la vida
Los cielos negros han caído bajo el terrorismo de la luz quemante y a quemarropa los disparos en la nuca. Silia se despertaba hambrienta sin hambre, como quedando atrás el hueco de su estómago camino hacia la zona lumbar. El estornino la saludaba torpemente sin saber cuál de sus infinitos cantos de lagarto elegir sobre la efímera muchedumbre de paja y sombrero.
Se arrasó de llantos y querellas hacia los señores de su cuerpo. Sus piernas no le permitían paso alguno desde que el mundo se plegaba en el fantástico número 3/2.
Silia susurraba por tubos de madera infinitamente cerrados por porredumbre ácida con sabor a óleos rojos de verde mar. Con clavos por dedos se arrastraba con todas las botellas almacenadas en los labios de los reforzados talones por las durezas de los muertos.
Silia lloraba acrecentando el poder de arena, Silia utilizaba las espumas como almohada.
Físico menor decidió su traje de cortinas y rivetes al estilo de un Gaudí recién nacido de barba escalonada. Así le ayudó a elegir su mejor piedra, de esas que se hunden al menor intento de hacerlas saltar entre las corrientes.
Jugueteaban ambos entre la alternancia de río y mar por la desembocadura, ahora aquí, ahora allá, haciendo de los saltos de roca olas asalmonadas.
¿A que me quedan bien Gaudí, verdad?
Silia se enrojecía con sus pasos, Silia ensoñaba caracolas compañeras amarradas a los destinos de los dedos que de vez en cuando cosquilleban sus cuerpos de babosa protegida.
Es hora de volver. Las cuerdas de nube no cesaban su tiple templado con los labios arañados con las puntitas de las camisetas de azul y braguita marcada en la trasparencia del pijama del mundo perfecto.
Silia no tuvo tiempo para partos complicados y muertes, le gustaba que se acabara la ley de la compesación de la muerte acabando con la única muerte necesaria.
Silia no creyó en la signatura.
Se volvían todas las lagartijas mirando sus pisaditas de flores y cuando se caía a gatas rebuznaba la yerba su petición de pasto repostado con los efímeres solados vestidos de raíz junca de la vida que decide dar un paso más y no querdarse con una única branquia como respiradero.
Trémulos temblores se "re-corrían" por los bosques ensombrecidos bajos recordando la escafandra innecesaria de la primera partida sobre la rama.
Silia sin más decide su futuro como eterno presente de un pasado que no acaba.
Silia sonríe.
Se arrasó de llantos y querellas hacia los señores de su cuerpo. Sus piernas no le permitían paso alguno desde que el mundo se plegaba en el fantástico número 3/2.
Silia susurraba por tubos de madera infinitamente cerrados por porredumbre ácida con sabor a óleos rojos de verde mar. Con clavos por dedos se arrastraba con todas las botellas almacenadas en los labios de los reforzados talones por las durezas de los muertos.
Silia lloraba acrecentando el poder de arena, Silia utilizaba las espumas como almohada.
Físico menor decidió su traje de cortinas y rivetes al estilo de un Gaudí recién nacido de barba escalonada. Así le ayudó a elegir su mejor piedra, de esas que se hunden al menor intento de hacerlas saltar entre las corrientes.
Jugueteaban ambos entre la alternancia de río y mar por la desembocadura, ahora aquí, ahora allá, haciendo de los saltos de roca olas asalmonadas.
¿A que me quedan bien Gaudí, verdad?
Silia se enrojecía con sus pasos, Silia ensoñaba caracolas compañeras amarradas a los destinos de los dedos que de vez en cuando cosquilleban sus cuerpos de babosa protegida.
Es hora de volver. Las cuerdas de nube no cesaban su tiple templado con los labios arañados con las puntitas de las camisetas de azul y braguita marcada en la trasparencia del pijama del mundo perfecto.
Silia no tuvo tiempo para partos complicados y muertes, le gustaba que se acabara la ley de la compesación de la muerte acabando con la única muerte necesaria.
Silia no creyó en la signatura.
Se volvían todas las lagartijas mirando sus pisaditas de flores y cuando se caía a gatas rebuznaba la yerba su petición de pasto repostado con los efímeres solados vestidos de raíz junca de la vida que decide dar un paso más y no querdarse con una única branquia como respiradero.
Trémulos temblores se "re-corrían" por los bosques ensombrecidos bajos recordando la escafandra innecesaria de la primera partida sobre la rama.
Silia sin más decide su futuro como eterno presente de un pasado que no acaba.
Silia sonríe.
Paradoja de Olbers
"Si el Universo es infinito y eterno, no puede haber oscuridad por la noche, dado que el cielo estaría forzosamente inundado de la luz proveniente de un número infinito de estrellas... Pero la oscuridad existe, lo que es una paradoja. Ésta solamente se resuelve si se atribuye una edad al universo, puesto que así se puede postular que la Tierra sólo recibe la luz que ha tenido tiempo de viajar hasta ella desde el nacimiento del universo..."
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